El sonido del agua corriendo llegó a mis oídos y mi corazón comenzó a latir más fuerte.
Normalmente, cualquier persona asociaría el sonido de el agua corriendo como un estímulo relajante… pero para mi desgracia, no soy exactamente lo que uno diría “cualquier” persona.
Es más, ni siquiera era completamente humana.
Por un momento deseé tener una “aburrida” vida de una adolescente común: Escuela, amigos, amores y las peleas con los padres. Dejar a un lado todo este drama de “vampiresa psicópata que tiene a tu novio secuestrado por motivos desconocidos”.
Suspiré.
Nada ganaba quejándome, aunque fuera sólo dentro de mi cabeza.
Miré hacia enfrente y noté que una oficina de correos estaba a dos cuadras de distancia. Bastante común… en los años setenta, claro está. Y a pesar de no en encajar completamente en aquella transitada calle, le daba cierto encanto a la cuadra; como si fueras capáz de viajar en el tiempo. Además la mayoría de aquellas casitas y locales que lo rodeaban tenían el clásico estilo arquitectónico de los cincuentas; así que en cierto modo, esa oficina de correos, incluso resultaba futurista.
Noté que Ethan estaba parado junto a mí. Ambos habíamos dejado de caminar.
Él tenía las manos dentro de los bolsillos de aquel pantalón de mezclilla raído. A pesar ya no tener esos impulsos humanos que delatan tu estado de ánimo, me dí cuenta de que movía un pie un tanto ansioso.
- - ¿Estás bien? – le dije mentalmente mientras tocaba su brazo.
- ¿Hm? – al parecer él tampoco notaba mucho mi presencia – Eh si … pero estaba pensando – se mordió el labio – ¿te molestarías si regreso unos minutos a la cafetería? Necesito preguntarle algo a la camarera.
Una ligera sonrisa curvó sus labios.
Mi mandíbula venció el record guiness de la caída más rápida.
¿Ethan? ¿Con esa chica? Es humana.
Es decir, no es que la idea me parecerá atroz o algo así; mis padres habían comenzado su relación cuando mi madre aún era humana. Yo mejor que nadie sabía que una relación afectiva humano-vampiro era más que posible, pero … una parte de mí no lograba visualizar a Ethan con alguien más que con Julie… y menos con una humana.
- Respira Renesmee – dijo mientras me sujetaba por los hombros.
Parpadeé un par de veces, tratando de salir de aquella … sorpresa.
- S-si es so-solo que… - balbuceé patéticamente, tratando de decir algo con sentido.
- ¡Hey! A pesar de todo sigo siendo un hombre ¿lo recuerdas?- dijo con una sonrisa descarada – Tengo necesidades.
Me guiñó el ojo.
No pude hacer más que reír. Eso era tan típico de Ethan. Jugando con la mayoría de las chicas.
Confiaba en yo no ser una de ellas.
- Sobreviviré unos minutos sin ti – le prometí – Después de todo eres sólo un chico ¿cierto? – dije, imitándolo – Tienes necesidades.
Él se rió de mi pobre imitación.
- Comenzaré a hurgar en algunos buzones de éste lado – dije, señalando el lado más próximo al río.
Asintió una vez y con una sonrisa desanduvo el camino que ya habíamos recorrido juntos.
No tenía razones por qué molestarme. Después de todo, la última semana había sido sólo sobre Jacob y en cierta parte … sobre mí.
Ethan se merecía un pequeño descanso.
Mi ingenuamente se negaba a aceptar que Ethan buscaba a esa chica sólo para que terminara como su merienda. Sabía que Ethan era mejor que eso.
Sí, probablemente no compartiera mi idea de la dieta “vegetariana” pero sabía que no era capaz de engatusar a una pobre chica, para luego beber su sangre.
Las calles residenciales estaban desiertas así que pude buscar con libertad y detenimiento en cada uno de los buzones, a pesar de ser algo ilegal.
No encontré nada relevante. La mayoría eran cuentas por pagar o promociones.
Y me dí cuenta, de que en realidad ya nadie enviaba cartas con asuntos personales.
Quizás sólo un novio muy romántico, o una postal de tu abuela.
Pero ahora que ya todo estaba computarizado, el arte de la escritura se está perdiendo.
Me sentía orgullosa de haber sido de las personas que en su vida han enviado cartas.
Quizás una carta para Claire y otra para Jacob desde la cabaña a La Push no contaran como verdaderos envíos de cartas pero … bueno, tenía siete años –mentalmente hablando – y quería presumirle a alguien que ya sabía escribir.
Cuando eres niño, todas las locuras que se te puedan ocurrir son válidas para el mundo.
Seguí caminando por aquella calle hasta llegar a un punto donde el pavimento se acababa, sólo había un camino rural, de pasto y algunos árboles.
Caminé alrededor de unos cien metros, mientras el sonido del agua corriendo se iba haciendo más fuerte. Al final de aquel camino rural estaba el riachuelo.
El agua cristalina corría veloz entre las piedras, ya lisas por el agua.
Metí mi mano en la bolsa de mi suéter y saqué la piedra que venía dentro de la cajita negra.
Suspiré y le dí un par de vueltas en mi mano. Quizás no fuera una moneda, ni el río fuera una fuente, pero cerré mis ojos y deseé que todo acabara. Después lancé la piedra lo más fuerte y lejos que pude.
Oí como chocó contra el agua, para después llegar con un golpe suave al fondo del río.
Pensé en regresar por Ethan. Pero inmediatamente deseche esa idea. Sólo habían pasado cinco minutos, podía darle otros cinco. Además, el tacto del pasto sobre mi piel resultaba … agradable. No era como ese pasto congelado y húmedo que hay en Forks –el cual aveces me gustaba-, éste era completamente terso, y suave al tacto.
Por el rabillo ví que algo se movía, se balanceaba a unos metros de mí… volteé, con mies sentidos alerta, sólo para sentirme como una estúpida al ver lo que era: una cuerda.
¿Qué te pasa Renesmee?, me dije a mí misma.
Caminé hacia ella y la jalé.
Era un de esas cuerdas que se atan a los árboles para balancearte y cruzar el río.
Emmett me había enseñado un par de trucos. Lo bueno de ser te complexión pequeña era que, los saltos mortales y giros dobles te salían con mayor gracia, que a a un vampiro del tamaño de un oso.
Me balanceé un par de veces, hasta tener el impulso necesario. En el momento justo solté la cuerda y me incliné hacia delante. Dí un par de giros en el aire, mientras veía cómo todo lo que estaba a mi alrededor se ponía de cabeza y caí delicadamente del otro lado.
Sonreí con los ojos cerrados.
“Perfecta ejecución”, hubiera dicho Alice.
Recordar a Alice prendió una lucecita roja dentro de mi mente. Ethan y yo ta no podíamos quedarnos en esa cabaña. Llevábamos allí cerca de tres días, y seguramente mi familia nos estaba pisando los talones.
Aunque por una parte, esperaba horrible juego no se alargara más.
Abrí los ojos y casi no podía creer lo que veía. ¿Es que Francia nunca terminará de sorprenderme?, me pregunté.
Había una construcción frente a mí, abandonada supuse.
Miles de flores silvestres de diferentes tonos de rojo trepaban implacables sobre las paredes sucias y desgastadas por el tiempo.
Noté que esa construcción en sus buenas épocas fue toda una belleza, ya qur incluso descuidada seguía teniendo la capacidad de asombrar.
Algunos pedazos de madera podrida yacía colgando en unos espacios cuadrados, como parte de lo que alguna vez fuese unas ventanas.
Desde el piso de abajo se alcanzaba a ver una oxidada mesita blanca, con sillas a juego; en la terraza.
Abrí la rechinante puerta y una ligera lluvia de polvo me recibió.
Por dentro era bastante amplia, con algunas ventanas abiertas, de donde entraban ligeros ases de luz.
Atisbé un ligero movimiento en las escaleras, supuse que eran algunos ratones de campo.
Dí un paso hacia delante, y en menos de un parpadeo ella estaba delante de mí.
Katherine.
Instintivamente, retrocedí hacia quedar pegada a la pared, mientras sentía como mies sentidos se alertaban y la adrenalina comenzaba a fluir por mi sangre.
La construcción alrededor de mí pareció pasar a segundo plano. Todo lo que podía ver era a Katherine, con aquella media sonrisa.
- Bienvenida Renesmee –dijo – ¿no quieres pasar a toma una taza de té? – dijo con un gesto de mano que indicaba las escaleras.
Le respondí con un gruñido entre dientes.
Ella se limitó a soltar una carcajada descarada.
Una parte de mí, quería salir corriendo de allí, otra quería destrozarla en ese momento, pero la última y la más racional, me indicaba que me quedara allí quizás al fin podría encontrar a Jacob.
Me aferré a mi parte más racional.
- Jacob. ¿Donde está? –exigí.
- Oh Renesmee – dijo en tono suave- siempre tan testaruda ¿cierto? Quizás no lo entiendas, pero aquí la única que puede exigir cosas soy yo.
Sus ojos color rubí me taladraron.
- Si no, ya sabes que pasa – su inocencia falsa me daba asco.
Acto seguido, sacó algo de su bolsillo y me lo aventó.
Lo agarré en al aire, sin siquiera advertir lo que era. Aunque cuando lo ví con detenimiento, sentí como algo se rompía dentro de mí, probablemente lo que quedaba de mi corazón.
Era el collar que yo le había regalado a Jacob. Un guardapelo con una cadena, para ser más precisos.
Lo abrí con delicadeza y noté como las lágrimas se acumulaban en mis ojos, haciendo que ardieran. Del lado derecho. Estaba una foto en la cual yo estaba sentada en los hombros de Jake, cuando era tan sólo una pequeña; él tenía esa sonrisa que me derretía. En la de la izquierda, también estábamos Jacob y yo, pero ésa era más reciente y ambos estábamos en la playa de La Push; él me agarraba por la cintura y yo tenía mi cabeza apoyada en su hombro: esa sonrisa de nuevo.
Acaricié ambas fotos con mi pulgar, intentando que mis lágrimas no dañaran las pequeñas fotos.
- Conmovedor ¿eh?. Bonito detalle de tu parte. – dijo ella. Se escuchaba claramente la nota burlona en su voz.
- ¿¡Que le haz hecho?! – le grité mientras avanzaba hacia ella. Tenía el guardapelo protegido dentro de mi puño izquierdo.
Algo andaba mal.
Él nunca se lo quitaba, incluso había cambado la cadena original por una más larga y más resistente, para que aún entrado en fase no se lo tuviera que quitar, ni que se le rompiera.
Estaba cerca de ella, mis músculos estaban listos para saltar sobre ella, directo a su yugular;
Pero antes de que mis pies se despegaran completamente del suelo,ella me agarró con una mano por el cuello y me estampó contra la pared.
Un estruendo retumbó en toda la casa al mi cuerpo chocar contra la pared. Sentí cómo el concreto se hundía bajo mi espalda, y el guardapelo estuvo apunto se resbalarse de mi mano.
- Mala estrategia, niña – dijo con los dientes apretados.
Y antes de que me pudiera mover, ella me tomó por un brazo y me lanzó contra la pared de enfrente.
Algo dentro de mí se rompió, y ésta vez no fue mi corazón. Una costilla, quizás.
Con un poco de esfuerzo me levanté. No quería pensar que esto era mi final.
No había nadie quien me defendiera, no había nada que la detuviera. Nada; excepto mi misma.
Pero en ese momento me sentía más desprotegida que nunca, con la cabeza llenas de incertidumbres sobre Jacob, más de las normales.
Alcé la cabeza y ví un cuadrado donde entraba luz. Estaba bastante lejos del suelo, pero con suerte, con un salto llegaría hasta allá.
De reojo miré que Katherine se estaba acercando, lentamente; acechando a su presa.
Con un rápido movimiento me puse el guardapelo al cuello; estaba segura que necesitaría ambas manos para poder escapar.
Y brinqué.
Por un momento, pensé que no lo lograría, pero pude aferrar mi mano izquierda al borde de aquel cuadrado, y pasar rápidamente mi cuerpo.
Al caer suavemente sobre la hierba noté que el cielo se había despejado un poco, y casi sonreí.
Si llegaba a la zona habitada, estaba salvada; ya que los tenues rayos de Sol que se colaban entre las nubes no eran lo suficientemente fuertes para delatarme… pero no eran lo suficientemente tenue para ocultar la verdadera apariencia de Katherine.
Por más psicópata que fuese, sabía que no se iba a arriesgar de ese modo.
Hasta ella le temía a los Vulturis.
Rodeé la construcción, para llegar al río; Pero mis intenciones se vieron destruidas cuando salí de la terraza trasera y me encontré con la fiera silueta de Katherine, esperándome.
Solté una maldición por lo bajo.
Giré para huir por el otro lado, lo más rápido que pude; pero al parecer Katherine y yo teníamos un concepto muy diferente de “rápido”.
Me tomó por el hombro y volvió a estamparme contra la pared, haciendo que aquellas florecillas silvestres temblaran violentamente.
- Regla número uno de la supervivencia, Cullen: - dijo mientras se acercaba a mi – no des la espalda – finalizó con un susurro en mi oído.
Qué fácil sería morir en este momento, pensé.
No haría más de dos segundo para que sus dientes se hundieran en mi piel, para terminar arrancándome la cabeza.
Ni si quiera quería pensar cuánto dolería eso.
- ¿Qué quieres? – dije en un susurro, pero le mantuve la mirada.
Sus ojos brillaron de entusiasmo y volvió a esbozar esa media sonrisa que hacía que me dieran escalofríos.
- Que me escuches, Renesmee.
Permanecimos en silencio unos segundos, mientras escuchaba cómo mi corazón latía desbocado y parecía que el guardapelo de Jacob quemaba en mi vientre.
No se movió, pero tampoco me soltó de los hombros.
- Ethan, no es quien crees – dijo suavemente.
- No puedes saber eso, no lo conoces en lo más mínimo –dije con los dientes apretados, de furia.
Odiaba su actitud. Como si lo supiera todo sobre mí, como si alguna vez antes de todo este desastre nos hubiéramos conocido.
Y a pesar de todo, algo dentro de mí me indicaba que ya nos habíamos conocido en otra época.
Ella se rió levemente y dirigió la mirada al cielo por una fracción de segundo.
- Lo conozco mejor de lo que crees niña. Pero lo que te digo es sólo por tu bien. – dijo.
- Ja ¿Por qué será que no te creo? – dije sarcásticamente.
No pareció agradarle la broma, ya que me apretó más contra la pared. Hasta el punto de comenzarme a lastimar.
- Dime niña, ¿qué caso tiene un juego sin jugadores eh? – enarcó una ceja- éste es mi juego. Tú y tu perrito son mis jugadores, con un poco de suerte incluso tu familia.
¿Qué tenían que ver ellos aquí?
- No le digas de ese modo a Jacob – dije mientras me trataba de zafar de su agarre.
Ella me ignoró.
- A él sólo le importa una cosa: mantener a tu perrito fuera del juego. Piénsalo, si él ya no existiera, estarías devastada. Él sin duda aprovecharía esa situación para quedarse contigo. De verdad tienes mucha suerte al parecerte a Julie ¿cierto?- dijo mientras me apartaba el cabello del rostro – De lo contrario no te hubiera salvado de la ejecución de los Vulturis – la última parte fue un susurro en mi oído.
Mi respiración paró por completo y sentí como el helado pánico comenzaba a hundirme; mientras ella me contemplaba divertida.
Nadie excepto Ethan y yo podríamos saber eso.
Quizás si tuviera razón.
- ¿Quién eres? – preguntó con hilo de voz. Sabía demasiado sobre mí. Sentía que de algún modo, estaba ligada a mi vida.
- Pregúntale a tu papi, niña – respondió con la mirada más dura que podía existir.
Hizo una pausa y después siguió:
- Desde un principio él siempre te quiso sólo para él. Eres su nueva Julie. No te dejará ir tan fácilmente… ¿Qué? ¿Creías que por pura amistad te está ayudando en eso? – negó con la cabeza – Es su máscara. Despierta Renesmee.
Sentía las lágrimas, apunto de salir, pero no eran de tristeza, eran de coraje y de frustración.
No entendía si era porque quizás tuviera razón y yo era una imbécil o por todo lo contrario y ella sólo se dedicara a intentar destruir todo a mi alrededor.
- ¿Qué crees que hace en las noches niña? ¿Pasear? – se rió – se asegura de que tu amorcito – dijo, para después intentar tocar el guardapelo, por suerte yo fui más rápida y detuve su mano a la mitad del camino. – no vuelva.
Sin apartar la mirada, metí el guardapelo por dentro de mi vestido.
- ¿Por qué crees que se tardó tanto en regresar cuando encontraron la caja negra? Estaba hablando conmigo. Estábamos haciendo un… trato. Para que tu perrito “accidentalmente” sea mordido y muera. – una cuchillada directo al corazón- Aunque bueno, ya notarás que mis promesas no valen nada… al menos no por ahora. –Cerré los ojos, como si con ese simple gesto ella desapareciera, aunque para mi desgracia, seguía escuchándola. – Sé que no crees en verdad que aquella humana le atrajo como pareja. Será sólo su cena de esta noche.
Su voz daba vueltas en mi cabeza, como una personita malva y oculta dentro de mi mente. Metiendo cizaña en donde puede.
- No – dije y volví a abrir los ojos, abnegados de lágrimas – él no es capaz de hacer eso.
Repentinamente me agarró por el cuello y me alzó un poco, como si quisiera toda mi atención y no la estuviera obteniendo.
Intenté quitarme su mano de encima, pero no le hice mucho daño.
- Es un guarda Vulturi niña, es capaz de todo – susurró. Después me dejó caer, para al final desaparecer en una puerta de aquella construcción.
Me quedé unos minutos tratando de recuperar mi respiración acompasada, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas y el guardapelo palpitando contra mi vientre.
No, no podía ser cierto lo que decía, intenté convencerme. Pero no podía negar que algunos de sus puntos eran bastante posibles.
Caminaba por las calles, mientras miraba furtivamente todas las sombras, no podía evitarlo; seguía un tanto conmocionada por lo que acaba de suceder, y tampoco los pensamientos confusos habían desaparecido del todo.
Jalé un poco más la manga de mi suéter, para que Ethan no pudiera advertir los cardenales rojizos que los dedos de Katherine habían dejado en mi brazo.
- ¡Renesmee! – escuché a lo lejos.
No pude evitar voltear con un ligero sentimiento de pánico.
Era Ethan. Venía corriendo hacia mí con velocidad humana, tenía un sobre en la mano y una sonrisa en el rostro. Pero por primera vez, esa sonrisa no me tranquilizó por completo.
Hice un gesto de saludo.
- Hey… ¿estás bien? – dijo mientras ponía sus manos en mis hombros. Intenté no hacer una mueca de dolor.
- Si – dije mientras intentaba sonreírle.
El quitó con delicadeza algo de mi cabello y me lo entregó: una flor silvestre, unas de las que trepaban por aquella construcción.
“Es un guarda Vulturi niña, es capaz de todo”, las palabras de Katherine resonaron en mi mente.
- Bueno, no importa – dijo él mientras quitaba la flor de mano – Como regresé y no te encontré, fui a la oficina de correos y mira lo que encontré – con una sonrisa triunfante alzó el gordo sobre blanco. - ¿Tu encontraste algo?
Negué con la cabeza.
- Genial - ¿¡Qué?! – No quería que encontraras algo más genial que yo – me guiñó el ojo.
Sentí algo extraño en la boca del estómago, algo inquietante.
- ¿A nombre de quién lo encontraste? –pregunté.
- Alice Cullen.
-----*
Lo prometido es deuda.
Gracias por esperar (:
Por cierto, el especial de Ano Nuevo, fué una viñeta no continuacion ._.
Nos vemos!
P.D: Hoy le mando a Alee la mitad del nuevo capitulo de nuestro FanFic (: